Rosario - Jueves, 26 de Abril de 2012

 

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YPF y la investigación. Por Enrique Martínez*

(ARN/26-4-2012) Un día de 1994, como docente de la Universidad Nacional de Quilmes entré a lo que había sido hasta unos meses antes la sede central de los laboratorios de investigación y desarrollo de YPF, en Florencio Varela. Del enorme edificio, seguramente ocupado alguna vez por unos miles de personas, quedaba un gran busto de Mosconi en la desolada recepción; puertas desvencijadas; vidrios en el piso de los que fueron laboratorios; toma corrientes arrancados.

Estaba allí como miembro de un equipo de la Universidad para ocupar una pequeña fracción del edificio. El resto se había entregado, en esa deplorable condición, a la Universidad de La Plata. Los profesionales y técnicos que alguna vez circularon por allí se habían evaporado. El material de vidrio se había roto y vendido como materia prima a cristalerías. El material de cobre o hierro se había chatarreado. La desolación frente a ese panorama fue solo comparable a la que se palpaba en el aire al recorrer la gigantesca fábrica Siam, en Avellaneda, 10 años después de cerrada, con todos los equipos en su lugar, bajo mantos de telarañas.
A la nueva administración de YPF, liderada por el hoy increíblemente elogiado José Estensoro, le interesaba no solo cerrar el área, sino bloquear cualquier posibilidad de recuperación.
Lo consiguieron. Hace apenas dos años Enrique Eskenazi invitó a los presidentes del INTI y el INTA, dentro de una ronda de consultas para recuperar trabajo de investigación, que tuvo poca continuidad por parte de la empresa. De esas reuniones quedó claro que el personal aplicado al tema no superaba las 60 personas y casi todas ellas en oficinas, no en laboratorios o plantas pilotos.
Recordemos: YPF es la mayor empresa argentina. Facturó en 2011 más de 66 Mil Millones de pesos. Por esa dimensión y por la actividad a que se aplica debería destinar a investigación y desarrollo entre el 2.5 y el 3 por ciento de las ventas, o sea, entre 1700 y 2000 Millones de pesos por año. Hoy, como se dijo, la cifra debe ser cercana a cero y eso marca la actitud de la empresa Repsol hacia el país, con más fuerza que la exploración o la caída de la explotación.
La futura YPF debe ser una empresa distinta de la expropiada, pero no solo en cuanto a su nivel de producción de crudo. Debe cumplir en el país el mismo papel tractor del conocimiento industrial que Petrobrás cumple en Brasil, seguramente extendido más allá de los combustibles fósiles, hacia las energías renovables, la metalurgia de punta, los motores de alto rendimiento, la tracción eléctrica, por mencionar solo las líneas obvias de expansión. Para eso debe recuperar un espacio de gran importancia en I+D, mucho más relevante y diversificado que el que tenía en 1992 y que además esté preparado para transferir conocimiento al resto de la cadena de valor nacional, en cada uno de los temas.
Se necesita una señal. Una señal inmediata, compatible con la reciente afirmación de la Presidenta en cuanto a que la promoción de la ciencia y la tecnología, es una de las tres políticas de Estado de su gestión.
Con el 10% de lo que debería invertir anualmente – con 200 Millones de pesos – la intervención en YPF puede iniciar una asociación estratégica con el INTI, encargando a este organismo que articule esfuerzos con el resto del sistema de ciencia y técnica nacional, en áreas que van desde mejora de procesos a remediación ambiental; de evaluación de riesgos para extracción no convencional hasta eficiencia en el uso del agua. Cualquier programa debe ser de largo plazo y cualquier programa está al alcance de una sociedad leal y abierta entre YPF, INTI y el resto del sistema de C y T.
Como una suerte de bonus, YPF podría utilizar en tal caso la experticia que el INTI ha desarrollado en la última década sobre promoción económica en áreas deprimidas, lo cual permitiría intentar saldar la deuda histórica que todavía se tiene con lugares como General Mosconi en Salta o Cutral Có/ Plaza Huincul en Neuquén.
Como subproducto adicional no menor, se volvería a poner sobre sus pies, esta vez para todos los años que se imaginen por delante, al organismo de transferencia de tecnología industrial más importante que tiene el Estado y el país, instalando en él una mística envidiable.
La Presidenta dijo en un discurso reciente algo muy correcto y preciso: Hay que saber mantener los principios y sobre esa coherencia decidir el momento de actuar en cada frente y cada situación.
Para YPF, para la investigación científica y técnica argentina, este es el momento.

 

Fuente: Ingeniero Enrique Martínez, Ex Director del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI)

en propuestasviables.com.ar

 

 

 

 

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