(ARN/22-5-2012)
-Diario EL
VIGÍA-
Intenté forzar mi imaginación hasta su límite máximo, pero no pude. Fue
imposible imaginar a Rodolfo
Walsh con un cartel en la
mano cantando a coro:"Queremos preguntar". Es que él no pidió
permiso para escribir una carta abierta a la Junta Militar de la última
dictadura, y por ello ser asesinado a las pocas horas. Y eso que lo hizo
en plena tiranía genocida ¿Cómo no se le ocurrió cantar en televisión?
Claro...en aquellos tiempos los neo-cantantes Joaquín
Morales Solá y Magdalena
Ruíz Guiñazú, entre otros, no cantaban contra la dictadura, sino a
coro con los dictadores. Recordada conferencia de prensa en la cual
Magdalena se dirigía con genuflexión hacia Jorge
Rafael Videla con un
lacayo: "Sr.Presidente".
O el funcional Morales Solá redactando empalagosos editoriales en favor
del régimen y hasta visitando a su amigo Antonio
Domingo Bussi en centros
de detención, tortura y exterminio tucumanos.
Los ejemplos mencionados, ocurridos luego de la masacre
de Walsh. Y de tanta masacre y genocidio. Los que conformaron esa
especie de "Coro Kennedy" patético en el programa de Jorge
Lanata (Lanata incluido)
son los mismos que horas antes "retaron" a la oposición por votar en
favor de la recuperación de la soberanía de YPF. Los que vienen
pronosticando hecatombes de todo tipo desde hace años, con igual nivel
de certeza que predicciones de un astrólogo de barrio o de la
desopilante Elisa Carrió.
Apuestan al "no-periodismo" para reemplazar a "la
política". La descalifican una y otra vez, para ocupar el lugar opositor
que les devuelva sus fantasías de "formadores de opinión". En realidad,
están enojados con el voto popular. Quien suscribe esta nota fue
cronista de calle de varios medios de comunicación nacionales. Cubrí
casi todas las conferencias de prensa presidenciales desde 1983 hasta la
fecha. Jamás vi a ninguno
de los "periodistas-gospel" que ofrecieron tan lastimosa imagen en
ninguna de esas conferencias de prensa.
Entonces ¿Por qué ahora quieren preguntar? Uno de los
periodistas que firmaron ese petitorio que niega la esencia del
periodismo, suplicando respuestas que un buen periodista conseguiría
mediante investigaciones y denuncias serias, fue vocero presidencial de Raúl
Alfonsín. Se trata de José
Ignacio López. Un vocero de excelencia. No hacía falta que Alfonsín
hablara en conferencias de prensa. Cada mañana, la voz de López ERA la
voz presidencial. Pero ahora, mi amigo Nacho López trabaja para La
Nación y exige que Cristina
Fernández ofrezca
conferencias de prensa para ser interpelada (no consultada) por los
medios que concentran más del 80 por ciento de las licencias.
El pedido no sería descabellado, si no fuese porque ya
resulta obvio que a las líneas editoriales de esos grupos económicos que
invirtieron en medios de comunicación, poco les importa que una crítica
se fundamente en una verdad: el objetivo es horadar a la política, para
que los negociados de unos pocos vuelvan a sus privilegios.
Insisto: no
me parece que esos medios sean "anti K". Son "anti-política", y lo
confirmaron con sus críticas destructivas a todas las fuerzas políticas
que votaron en favor de la recuperación de YPF. Los candidatos
opositores que esos mismos medios promovieron en 2011, no cubrieron las
expectativas electorales de esos grupos económicos que se empecinan en
condicionar la agenda del país, sin escrúpulos de ningún tipo en el
camino para alcanzar su propósito. Incluso no tienen el más mínimo
empacho en alinearse con Gran Bretaña, el gobierno de derecha de España
o los republicanos estadounidenses, perjudicando en todos los casos los
intereses argentinos.
Independientemente del papel tristísimo que los otrora
"referentes del periodismo" protagonizaron en el programa de Lanata,
quizás sea cierto que la política de comunicación del gobierno es
perfectible. Es que si la estrategia de comunicación oficialista fuera
la debida, en consonancia con la Ley
de Medios y su espíritu
de que se escuchen todas
las voces, los oficialistas no engrosarían la audiencia de un
programa periodístico de muy pobre producción como el del ex cómplice
del vaciamiento de Crítica y conductor de "Día D".
Uno de los presupuestos básicos en la comunicación, es
saber a quién va dirigido
un programa, antes de ponerlo al aire. Tener una estrategia
de comunicación. Lanata, hay que reconocerlo, tuvo
la suficiente habilidad como para producir un programa dirigido a
kirchneristas, sabiendo de antemano que eso le generaría un nivel de
audiencia notable y que los programas oficialistas se encargarían de
promocionarlo durante toda la semana. No me parece casual la
elección de los domingos para emitirlo.
Luego, sabiendo que buena parte de la batalla
comunicacional se libra en redes sociales, Lanata generó la expectativa
necesaria anunciando que denunciaría "la
lista de Ciber K" de
Twitter. La pobreza de ese informe fue una mancha más para el periodismo
en su conjunto. Pero, como dijimos, no les importan los medios ni cuanto
daño hacen para llegar a su fin: desde ese día en Twitter se habla hasta
el paroxismo sobre Jorge Lanata. Otro
frente de promoción.
Seguramente a esta altura del relato, usted pensará: "Pero
Dante, vos también estás escribiendo sobre Lanata ahora". Y no se
equivoca. Sucede que una
de las funciones que asumo como parte de mi oficio, es denunciar la
mentira. Pero no soy yo el encargado de dar o no audiencia a tal o
cual programa. No
necesitaría hablar sobre el programa de otro periodista, si no fuera
porque es transmitido por más del 80 por ciento de las licencias
mediáticas, promocionado por todos los programas oficialistas y
mencionado permanentemente en redes sociales.
A Lanata, como a sus compañeros de coro, no le importa
ser querido, odiado, admirado o menospreciado. Todo
lo que hace persigue un sólo fin personal: no ser ignorado. Y en ese
intento, decidió vender su ideología al mismo grupo económico al que
cuestionó con dureza hasta hace poco tiempo. Algunos oficialistas y su
torpeza, completan la tarea promocionándolo.
Dijimos en otra oportunidad en éste espacio, que estamos
atravesando el peor momento del periodismo del que se tenga memoria. Que
un programa con semejante pobreza en contenidos tenga semejante
repercusión en el público, incluso en los oficialistas, es una de las
pruebas.
Debe existir una profunda crisis de contenidos
periodísticos para que muchos oficialistas declamen su amor por Víctor
Hugo Morales, pero decidan mirar el programa de Lanata. Para que
aplaudan una Ley de Medios que exige "todas las voces", pero sólo hablen
de una. Para que un grupo de periodistas desafinen un "queremos
preguntar", mientras profesionales como Liliana
López Foresi están
desocupados. Debo decirlo yo ya que, como sucedió tras su censura en la
década del 90, los "compañeros" lo callan.
Y si de contenidos hablamos, no podemos darnos el lujo de
armar los nuestros con esas ausencias notables, relegando a programas
como el de Víctor Hugo Morales casi al último lugar en su horario (el
mismo que lidera Lanata) y con una permanente obsesión por desmentir la
mediocridad. En síntesis: programas
opositores necesitan del oficialismo para promocionarse. Y programas
oficialistas dependen de los opositores para existir, toda vez que
dedican casi todo el espacio a desmentir "operaciones".
Recordemos el fin último de Lanata: "no
ser ignorado". No estamos diciendo que, como tarea militante, no
miren a Lanata y sintonicen a Víctor Hugo. Estamos insistiendo en que la
única manera de que un programa sea elegido por los televidentes u
oyentes, es generando
contenidos seductores y mensajes claros, nunca desprovistos de la
cuota de entretenimiento que
un medio audiovisual necesita.
El periodismo se está convirtiendo en un perro que se
corre la cola. El hocico
oficialistas a la cola opositora. Uno sin la otra, o viceversa,
dejarían de existir. Se retroalimentan. Dicen desde los programas
oficialistas: "debemos desmentir las operaciones de la corporación". Lo
cierto es que un bloque por programa alcanzaría. Pero todas las
ediciones similares de un mismo programa, terminan aburriendo al
televidente más fiel.
Debemos reconocer de una vez por todas que la cuota de
entretenimiento televisivo es más importante que la de contenido y el
mensaje. Estos últimos, dependen de la manera entretenida en que son
ofrecidos al público. Como ejemplo, volvamos a Lanata. Convirtió
la mentira en un entretenimiento para entretener a oficialistas y
conformar a opositores. Un verdadero "showman" periodístico.
Los contenidos son las víctimas de ambos sectores. Uno
miente, los otros señalan la mentira. Una y otra vez. Circularmente.
Eternamente. Y, sabido es, que el público consume lo que se le ofrece.
Salvo las excepciones en las cuales la gente decide utilizar uno de los
botones menos usados del control remoto: el que dice OFF.
Por todo lo dicho, nos parece que el "coro-gospel-
periodístico" hizo foco en un tema menor: las conferencias de prensa de
Cristina. Sólo para que el oficialismo no haga foco en el defecto
comunicativo real, lo subsane y de esa manera, compita de igual a igual
con la concentración mediática. Me refiero a cumplir cabalmente con el
espíritu de la Ley de Medios.Generando contenidos, permitiendo
que los generen sectores sociales históricamente silenciados, expropiando
Papel Prensa para que
Clarín y La Nación no sigan asfixiando a los medios zonales y les
permitan expandirse e invirtiendo recursos en producción de contenidos
de excelencia.
Y utilizando y distribuyendo
equitativamente los recursos necesarios
para que los medios regionales privados, los medios públicos y los
nuevos emprendimientos no
se limiten a subsistir, sino que puedan crecer debidamente, para
competir con los mensajes monopólicos en cada ciudad.
Eso es la Ley de Medios ¿O hará falta formar un coro
ridículo para cantar la verdad?
Fuente: agencialevigia.com.ar